¿Cómo distinguir la ciencia de la pseudociencia?

En numerosas ocasiones hemos hablado de mitos y engaños en los que, si no somos muy cuidadosos, podemos llegar a caer. En algunos casos el mito parece tan burdo que nos asombra como puede haber gente que se lo crea, mientras que en algunos otros—sobre todo cuando se trata de algún tema científico del que no somos expertos—puede parecer más complicado el distinguir la información que está basada en evidencias sólidas de la que sólo pretende estarlo.

¿Ciencia o pseudociencia? ¿Cómo saberlo?
Aunque nunca existirá un método 100% efectivo para distinguir a la ciencia de la pseudociencia (la misma línea que divide a estos dos mundos no es del todo clara), sí hay ciertos patrones que suelen repetirse por los promotores de temas o ideas que, aunque puedan tener la fachada de ciencia, carecen del rigor científico que las respalde. Prestando atención a este tipo de señales, a continuación les presentamos una lista de 10 preguntas que les pueden ayudar a separar los mitos de la verdadera ciencia.

1. ¿Quién dijo eso? Ya lo hemos mencionado antes, cuando leemos alguna noticia, es importante saber quién es la fuente original de la información. ¿Cuál es la fuente? La persona u organización detrás de la información, ¿de verdad tiene experiencia en el área de lo que está hablando? ¿Se trata de una organización con una amplia reputación, o es un grupo de gente poco conocido? Y no es porque un desconocido no pueda toparse con un gran descubrimiento pero, si lo hace y puede convencer a la comunidad científica de lo que afirma, pronto las organizaciones más grandes validarán y respaldarán sus descubrimientos.

2. ¿Qué es lo que ganan? No es que las personas sean incapaces de hacer cosas sólo por buena voluntad, pero es importante preguntarse qué es lo que gana la fuente de la información al hacernos leerla o creerla. Aún cuando se den pláticas o servicios “gratuitos”, si al final lo que quieren es vendernos un producto para algún mal que ni siquiera sabíamos que teníamos, quizá hay motivos para sospechar.

3. ¿Qué tipo de lenguaje usan? Hay que tener cuidado si se presentan argumentos basados en emociones más que en datos o información objetiva. También en el otro extremo, si se lanzan sin ton ni son términos que suenan “científicos” sin que sea claro lo que estos significan, ese es otro foco rojo. En textos científicos dirigidos al público general normalmente se hace un gran esfuerzo para que, aún cuando se usan tecnicismos, su significado sea claro y puedas entender de lo que están hablando. De otro modo, quizá lo único que están buscando es marearte con palabrerías.

4. ¿Sólo se presentan anécdotas? Las anécdotas o testimoniales tienden a ser muy persuasivos: “¡A mi me funcionó!”, “¡Miles de personas no pueden estar equivocadas!”. Sin embargo hay que ser extremadamente precavidos pues—aún suponiendo que no se trata sólo de testimoniales inventados para promocionar a un producto—las anécdotas no son suficientes para establecer un hecho científico. La verdad es que sí, en algunas ocasiones, miles de personas pueden estar equivocadas.

5. ¿Se trata de un secreto? En el otro extremo, puede ser muy seductora la idea de que hay cierta información que por milenios se ha mantenido oculta y la que, finalmente, ha sido revelada nada más ni nada menos que a tí. Puede hacerte sentir una sensación de poder, o de ventaja; pero lo más probable es que la ventaja sea la que quieran sacar de tí. En temas científicos “secreto” significa también que la idea o teoría no ha sido evaluada o replicada por la comunidad científica, parte crucial y fundamental para separar las teorías correctas de las ideas que suenan plausibles pero al final resultan ser falsas.

6. ¿Hay alguna conspiración? Similar al punto anterior, cuando se habla de información que “tu doctor no quiere que sepas”, o que “el gobierno siempre ha ocultado”, hay que tornarnos más escépticos. Se suele decir que algunos medicamentos “milagrosos” no salen al mercado sólo porque “a la industria de la farmacia no le conviene que haya una cura”; lo cual es absurdamente falso, a la industria de la farmacia probablemente le conviene más que vivas mucho para venderte por más tiempo medicinas para enfermedades crónicas.

7. ¿Un remedio para todos los males? Otra señal de alarma, sobre todo en el área de la medicina, es cuando se trata de promocionar a un sólo remedio o técnica que sirve para tratar a una gran cantidad de padecimientos que no tienen relación uno con otro. Después de siglos de desarrollo científico es poco probable que descubramos una “panacea” para curar a todos los males y, si eso alguna ves ocurre, la industria farmacéutica va a ser la primera interesada en hacer las pruebas científicas necesarias para poder después vendértela.

8. ¿Hay dinero de por medio? Como ya mencionamos, hay que preguntarse siempre sobre los posibles motivos que alguien pueda tener para hacerte creer algo. Y, si hay dinero de por medio, hay que ser doblemente escépticos. ¿Se están pidiendo dinero o donativos para poder hacer pruebas sobre algún nuevo tratamiento? ¿Quienes estarán recibiendo y administrando ese dinero? ¿Con qué fin va a utilizarse?

9. ¿Se siguió un proceso científico? Hay que recordar que el proceso científico va mucho más allá de realizar algunos experimentos y publicar los resultados en alguna revista. El proceso científico, especialmente en temas controvertidos, requerirá que varias instituciones independientes—en diversos lugares del mundo—traten de replicar y reproducir los experimentos. En el caso de medicamentos, se tienen que hacer primero pruebas de ciencia básica en células y animales, extensivos ensayos clínicos con voluntarios regulados por comités de ética, y una gran cantidad de publicaciones científicas documentando todo el proceso.

10. ¿Saben de lo que están hablando? Aunque la idea de un visionario relegado por la “elite” de la comunidad científica nos intriga, la verdad es que en su inmensa mayoría los avances científicos son hechos por personas que pasaron años de su vida estudiando y entendiendo el estado actual de la ciencia antes de poder proponer cualquier idea novedosa. Del mismo modo no porque alguien tenga un doctorado, por ejemplo, en química, significa que tenga idea alguna del estado del arte en física o en medicina. Finalmente hay que recordar también, como mencionamos en el punto anterior, que no son individuos sino el colectivo de la comunidad científica quienes validarán los avances y descubrimientos.

Así que ya están, teniéndolas en mente y recordando hacer este tipo de preguntas verán que—en la mayoría de los casos—se hace mucho más fácil distinguir a la ciencia verdadera de la que sólo tiene la apariencia.

Juan

Esta lista está basada en las 10 preguntas para distinguir la ciencia real de la falsa por Forbes.

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